Jubilación de escritores

¿Somos laburantes los escritores? 

Escribir literatura es una actividad en parte corporal, en parte intelectual. Si mi neurona no genera pensamientos que se vayan enlazando en palabras y oraciones y párrafos, no escribo nada. Este plus de cosa “nunca antes expresada así” es el valor agregado de mi actividad intelectual.

DEBATE  PARA REACTIVAR LA JUBILACION DE ESCRITORES

Luego de que la iniciativa de Carlos Heller perdiera estado parlamentario, el diputado Juan Carlos Junio reactivará un proyecto de ley que cuenta con un amplio consenso: “Hay que fortalecer la idea de que los escritores son trabajadores de la cultura”.

¿Somos  laburantes los escritores?

Parece una pregunta idiota. Para el que  escribe, la respuesta es obvia. Hablo en este caso por mí y perdón por la  autorreferencia. Como individuo pensante puedo proponer una respuesta general  y otra particular.

Escribir literatura es —como otras formas  expresivas— una actividad en parte corporal, en parte intelectual. Lo corporal  es lo exterior y visible; escribir sobre un papel, teclear una Olivetti o  incorporar texto a una hoja virtual desde el teclado de una PC.  Independientemente de que ese texto vaya a parar a una forma final de libro de  papel o de libro electrónico (e-book). Esta sería la parte corporal de la  actividad.

Si yo realizara esta actividad de manera continuada ocho  horas diarias durante treinta años al dictado de un tercero o copiando de  cualquier impreso, terminaría jubilándome como dactilógrafo o mecanógrafo,  dependiendo de una categorización o listado de actividades contenida en una  base de datos. Solo se me exigiría demostrar que hice eso durante todos estos  años. El producto sería “trabajo físico —corporal— sin valor agregado. Equis  millones de palabras.

Ahora bien, si nadie me dicta y tampoco estoy  copiando de un impreso, debo ir pensando letra a letra y palabra a palabra,  qué es lo que quiero decir y cómo lo expreso. Aparece acá una actividad  intelectual paralela a la corporal. Si mi neurona no genera pensamientos que  se vayan enlazando en palabras y oraciones y párrafos, no escribo nada. Si en  cambio voy pensando y expresando en letra escrita ese quehacer, al cabo de los  treinta años de darle a la neurona y a un teclado, habré generado una cantidad  considerable de texto. Equis millones de palabras que expresan mi pensamiento  bajo una forma nunca antes expresada así. Este plus de cosa “nunca antes  expresada así” es el valor agregado de mi actividad intelectual.

Y ahí  está la razón por la cual Cervantes sí se hubiera jubilado como escritor de  haberle soplado otros vientos. En cambio Pierre Menard, un personaje de Borges  que pretende cinco siglos más tarde ser el legítimo autor del Quijote, en base  a mostrar un texto de su puño y letra que repite palabra por palabra el texto  cervantino, no podría jubilarse como escritor acá ni en la China.

Lo  antedicho me permite afirmar que en este caso de escritura hay un trabajo  intelectual. Incluso esto es así, al margen de la calidad literaria de dicho  trabajo.

Un médico se jubila sin que deba demostrar ser un “buen”  médico.

Un tornero se jubilará sin que nadie valore si ha sido  excelente o regular.

Con lo cual un escritor debería jubilarse, sin  necesidad de probar que es bueno o notable.

El fundamento de esta  cuestión radica en que el trabajador corporal o profesional aportan al  bienestar material de una sociedad. Y un trabajador intelectual aporta al  bienestar espiritual de esa misma sociedad.

Definitivamente, considero  que escribir literatura es una trabajo y como tal merece la consideración y el  resguardo social de cualquier otra actividad licita y  comprobable.

Remarco que una jubilación no tiene por qué implicar  valoración o reconocimiento de méritos.

Y me parece que no deberían  mezclarse dos situaciones esencialmente diferentes: Haber realizado durante  treinta años la actividad de producir textos literarios es una cosa.

Y  haber escrito en el mismo lapso uno o varios o muchos textos literarios  reconocidos y premiados a nivel municipal, provincial, nacional o  internacional es una cuestión distinta. No mejor ni peor, distinta.

Gregorio Echeverría>>>

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